http://www.elcorreo.com/vizcaya/20090713/opinion/modelo-educativo-cambio-tecnologico-20090713.html
La educación es un factor decisivo en el desarrollo ciudadano y
de sus prioridades depende en gran media el modelo de sociedad. Por
ello, la calidad de la enseñanza y el nivel de la formación son
factores determinantes para definir la capacidad de un país en un mundo
globalizado. En estos artículos se ofrecen dos ángulos del tema, la
importancia del cambio tecnológico en el modelo educativo y la
necesidad de hacer definitivamente de la educación una prioridad
política y ciudadana
Y a sé que esto se ha dicho, pero por si acaso lo
remarco: el aprendizaje de las tecnologías de la información y la
comunicación (TIC), los profesores, como la mayoría de personas, lo
llevamos a cabo al margen y también a través de la profesión. Y
seguramente su uso es más extendido en las relaciones personales, e
incluso en la preparación de clases y en la relación con la comunidad
educativa, y menos con los alumnos, como manifiestan la mayoría de los
estudios, el último muy reciente. Y aunque cabe decir que en la medida
que se van incorporando generaciones de maestros jóvenes al sistema
educativo su uso aumenta, los avances son todavía lentos, y no se
resuelven sólo con la compra de ordenadores. Pues lo que tiene que
cambiar son las actitudes, o sea, la manera de aprender de maestros y
alumnos. Ya apuntaba en esta línea hace unos años el profesor Sergio
Monge, en las conclusiones de su tesis 'La escuela vasca ante el cambio
tecnológico (1999-2004)', al considerar que, aun con ordenadores, el
modelo educativo en Secundaria no había cambiado sustancialmente. Lo que
no es exclusivo de Euskadi, pues en la mayoría de países ocurre lo
mismo; el profesorado todavía se siente inseguro en el manejo de las TIC
en las aulas. Y lo paradójico es que los conocimientos TIC no se están
incorporando en los nuevos másters de formación del profesorado de las
universidades españolas para la convergencia europea. Así, sin formación
inicial vamos mal.
Es cierto que la enseñanza tradicional, basada sobre todo
en el libro de texto, nos da seguridad, y que la función de la escuela
ha sido históricamente la de enseñar los conocimientos del pasado, pero
hoy no puede limitarse a ello pues el conocimiento crece diariamente de
manera exponencial, como todos ustedes saben. Pero no es menos cierto
que hay cada día más escuelas que están innovando, y no sólo en Aragón
con Microsoft (como se ha hablado estos últimos días), sino también
desde hace años en Euskadi, Extremadura, Andalucía y otras partes de
España, con el software libre que, a diferencia de Microsoft, difunde el
código fuente (la fórmula que permite adaptar, mejorar y distribuir
copias para beneficio de la comunidad de usuarios). Ahora bien, en
Cataluña, por ejemplo, el Departamento de Educación ha establecido
acuerdos con Microsoft y ha ido abandonando el software libre. Como
saben, Rodríguez Zapatero hace unos días anunció la compra de
portátiles para los escolares, junto a acuerdos con Bill Gates,
contribuyendo, a mi modo de ver, a la apropiación privada del
conocimiento, como denunciaba hace ya años el sabio Manuel Castells. Y
yo me pregunto, ya que hablamos tanto de valores: ¿Los que aporta el
software libre de diálogo, igualdad y cooperación, a dónde van a parar?
¿O es que lo que le pedimos a la escuela no lo queremos para la
sociedad?
Por otro lado, hay acuerdos de elaboración de materiales
didácticos digitales con las grandes editoriales. La solución a las
inconveniencias del libro de texto pasa, parece ser, por la elaboración
digital que se está llevando a cabo con urgencia. ¿Pero avanzaremos con
ello? Veamos que puede pasar. Aunque el soporte sea distinto,
seguramente mucho más atractivo, si la información almacenada es
estática, no actualizada ni dinámica, continuará siendo un compartimento
estanco como el libro de texto. Y si además las estrategias de
aprendizaje son las mismas de siempre no habrá innovación. Lo que quiero
decir es que las posibilidades de Internet se desperdician. Se
desperdicia por un lado la posibilidad de acceso a la información, y por
otro la posibilidad de comunicación mediante la formación de
comunidades virtuales (que no sólo sirven como lugares de encuentro),
sino que nos brindan la oportunidad de compartir información: favorecen
la transversalidad entre las distintas disciplinas y nos ayudan a
construir cooperativamente el conocimiento. Pues para ello lo que tiene
que cambiar es la actitud del profesorado, ya que podemos utilizar
Internet, pizarras digitales, power points, todo muy útil por supuesto, y
continuar sin enseñar lo que es primordial: a saber buscar, o sea,
saber elegir la información pertinente, a distinguir la buena de la mala
en medio del caos, a contrastar y a manejar fuentes. El problema hoy es
precisamente el exceso de información. Y luego enseñar a rehacerla, a
subrayar lo que consideramos esencial o queremos destacar de un texto de
acuerdo a unos criterios previos, a estructurar y organizar la
información, a resumirla, a convertirla en conocimiento. Y a
compartirlo. Y aquí la función orientadora del buen maestro (que siempre
ha hecho lo mismo aunque con otros instrumentos). O sea, ayudar a
comprender, a interpretar, a dialogar, a pensar, claro, la única manera
por otro lado de luchar contra la estulticia y el sectarismo. Tenemos
que situar, pues, las TIC en lo que son y en las posibilidades
extraordinarias que suponen para el cambio hacia un modelo educativo
acorde con los tiempos.
Y aunque parezca obvio ello no se resolverá sólo con los
libros digitales, ni con la compra de ordenadores, aunque sean
portátiles. Insisto, las TIC son usadas desde hace tiempo en muchas
escuelas, e incluso con software libre, en experiencias muy innovadoras.
Parafraseando al pensador Edgar Morin, tan estimado por los profesores,
en su último libro ('On va el món? Cap a l'abisme', 2009): las
innovaciones/creaciones, que siempre son una desviación de la norma,
pueden modificar, cambiar o sustituir la tendencia dominante para
convertirse nuevamente en norma. Y aunque sepamos que la innovación es
en primer lugar cuestión de personas y no de instituciones, deberíamos
preguntarnos: ¿Contribuirán las decisiones tomadas por las
administraciones educativas a espolear los caminos iniciados y
desarrollados con éxito hasta ahora? ¿O los abortarán con decisiones, a
mi modo de ver, efectistas y conservadoras? ¿Qué tendencia se convertirá
en norma? Y si todo ello sirve para educar a nuestros hijos en un mundo
cada vez más complejo, pues entonces que sea bienvenido.

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