Durante un año académico trabajé con un niño autista, fue la mejor experiencia que tuve, fueron 9 meses donde aprendí más que en cualquier otro periodo de tiempo más largo de mi vida, me enseñó a ver la vida de otra forma, conocí y aprendí a tratar a personas con este trastorno y sobre todo compartí mi tiempo libre con un niño encantador y maravilloso.
Por ello me ha parecido oportuno destacar el día de ayer y publicar esta entrada, porque ayer fue el día internacional del autismo.
El autismo es una discapacidad permanente del desarrollo que se manifiesta en los tres primeros años de edad. La tasa del autismo en todas las regiones del mundo es alta y tiene un terrible impacto en los niños, sus familias, las comunidades y la sociedad.
A lo largo de su historia, el Sistema de las Naciones Unidas ha promovido los derechos y el bienestar de los discapacitados, incluidos los niños con discapacidades de desarrollo. En 2008, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad entró en vigor, reafirmando el principio fundamental de universalidad de los derechos humanos para todos.
La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró por unanimidad el 2 de abril como Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo para poner de relieve la necesidad de ayudar a mejorar las condiciones de vida de los niños y adultos que sufren este trastorno.
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